domingo, 7 de febrero de 2016

La leyenda del Puma y la Luna



Muy libre y solitario vivía un puma entre las montañas.
Amaba su libertad, pero la soledad era su más triste compañía.
Era el amo del lugar, se paraba firme en sus cuatro patas oteando hasta donde su aguda vista se lo permitía.
No le temía a nada y contaba con el respeto de todos los seres que habitaban la región.
Una noche, acostado sobre una piedra, vio aparecer por detrás de una montaña a la luna. A partir de ese momento no pudo ver ninguna otra cosa, la mágica luz lo cautivó.
La vio completa cuando salió a cielo abierto y el encanto que ella le produjo fue mayor.
Se quedó quieto, expectante, como acechando una presa, sólo que en esta oportunidad, la presa era él. Su quietud era mezcla de concentración y paralización. Sus acciones no estaban gobernadas por él.
La luna pareció acercarse un poco, pero al rato se comenzó a alejar,
Esto hizo que el puma tomara coraje y comenzase a seguirla. Era tanta la devoción por aquella belleza que en más de una oportunidad tropezó con algunas piedras.
Hasta que la vio perderse detrás de otro cerro, pensó que había bajado tras la montaña. Entonces comenzó a correr para llegar del otro lado.
Una vez en la cima, desilusionado, no la encontró. Después de tantas horas, estaba más dolido que exhausto.
A paso lento volvió a su territorio, llegó al otro día.
Se recostó sobre la misma piedra en la que estaba cuando había visto a la luna la noche anterior, y miró con atención durante todo el día el filo del cerro por donde había aparecido.
No sentía hambre, ni sed. Sólo la necesitaba a ella.
Y aquella noche la volvió a ver y ambos volvieron a hacer el mismo recorrido.
El puma volvió a perder el resto de la noche para regresar infeliz a su piedra.
Dos días más salió a perseguir a la luna y otros dos días más sin comer. Ese regreso le llevó mucho tiempo y tropezó varias veces y cayó, pero esta vez no fue por distracción, si no por cansancio y debilidad.
A la noche no la vio, tampoco la siguiente, entonces decidió ir a buscarla al lugar de donde ella aparecía.
Emprendió la marcha errante, esperanzado, pero demasiado débil.
Caminó dos días y se dejó caer sobre una gran piedra sobre un lago. Le costaba hasta respirar. Se quedó dormido.
Al abrir los ojos la vio reflejada en el lago. Nunca la había visto tan cerca, en ningún momento levantó la cabeza, solo miraba la reflejada en el agua y la notaba cercana.
Su instinto, o su amor por ella, lo hicieron agazaparse y saltar a su encuentro.
Durante el vuelo el puma sintió que lograba alcanzarla y lo logró al chocar con el agua. La leyenda cuenta que nunca más salió a la superficie. Por lo que hoy se lo conoce como el Lago del Puma. Pero los mapuches lo conocen con un nombre más romántico y bonito ayún alé, que quiere decir amor a la luz de la luna.
(c) Edgardo Beriain
Edgardo Beriain es argentino. Vive en Parque El Carmen, Hudson, Provincia de Buenos Aires

Relato Finalista en el concurso Leyendas de mi lugar, mi pueblo, mi gente..Fuente:ww.quadernsdigitals.net


miércoles, 3 de febrero de 2016

Suavizante para la ropa, casero y ecológico





Si miráis por la red, encontrareis muchas recetas de suavizante casero. Todas tienen como material principal el vinagre: varían las cantidades y algún ingrediente pero todas giran alrededor de él. Os pongo aquí la que yo utilizo desde hace unos meses y la que ha hecho que me olvide, definitivamente, del suavizante industrial.
Los colores salen vivos, el tejido no queda apelmazado cuando se seca y huele exactamente a lo que yo quiero. Y para acabar de rematar la jugada, resulta que la lavadora está más limpia que nunca y sin cal…. ¡ si también os ahorráis el antical !*
* Si vives en una zona con mucha cal en el agua, seguramente deberás realizar un lavado con vinagre 1 vez al mes. Te puedo asegurar que si tienes esta mínima precaución se acabó comprar productos químicos para mantener la lavadora como Dios manda.

Receta:
150-200 ml (no llega al cuarto de litro) de agua caliente (no hirviendo)
800 ml de vinagre de sidra de manzana.
10 g de bicarbonato de sodio.
Recipiente de plástico con capacidad para 3 litros y medio.
20-50 gotas de aceite esencial, (la cantidad de gotas varía en función de tu gusto particular, más o menos olor. Id probando y quedaos con la que más os convenza.
* Sacudir la botella antes de cada aplicación
* A modo de referencia: por 3 kg de ropa le pongo

Cosas a tener en cuenta:
- el recipiente donde lo vayas a mezclar, debe ser más grande que el total de la mezcla (yo utilicé una garrafa de agua de 5 litros- sobra garrafa pero más vale prevenir)
- el agua puede ser destilada (aunque yo utilicé la del grifo hervida y dejada enfriar un poco)
- el vinagre puede ser de vino blanco
- puedes poner más gotas de aceites esenciales (sin pasarse), eso ya dependerá de tu gusto y olfato. Aunque sigas oliendo las notas del vinagre, cuando saques la ropa limpia no lo detectarás y si reconocerás el aroma del aceite esencial que hayas elegido

Espero que os guste y os suméis a salvaguardar el planeta



lunes, 1 de febrero de 2016

Hierbas mágicas de aquí y de allí

Romero

Muchas veces, las que nos dedicamos a esto de la magia, brujería o como queráis llamarlo, nos encontramos que muchas personas nos piden herramientas para hacer una limpieza de habitaciones, casas, locales, personas, etc.
Hay muchas maneras de hacerlo y, por supuesto muchos elementos que podemos emplear para este fin.  Hoy  hablaremos un poco sobre las principales hierbas/plantas que tenemos a mano. Las que hemos bebido de fuentes norteamericanas sabemos que en muchos tratados de magia y brujería se habla de la Salvia Blanca (Salvia apiana) como una hierba principal para las limpiezas. El empleo de esta hierba tiene su origen en las tribus indias que la utilizaban desde tiempos inmemoriales. De los norteamericanos de origen pasó a los norteamericanos de adopción y con ellos a los libros de magia. Al ser una planta muy común en el suroeste de Estados Unidos y en el noroeste de México podemos deducir que su utilización pasó de Oeste a Este y su fama con ella. Ya sabemos que, a la larga todo se mezcla y perdemos de vista la fuente original. Es de imaginar que las “brujas” que llegaron con el Mayflower  y se establecieron en Massachusetts, no tenían conocimiento de esta planta ni de sus usos, por lo que seguirían utilizando lo que ya habían empleado en Inglaterra.
Si hoy cogemos un libro de cualquier autor norteamericano veremos que la Salvia Blanca, como ya he dicho, tiene un lugar prominente en cuanto a limpiadores se refiere.
¿Y qué pasa si no tienes Salvia Blanca? ¿Tienes que gastarte un pastón comprándola online en cualquier tienda de internet?
Pues no, no hace falta. Igual que tampoco hace falta comprar palosanto ni cualquier ingrediente exótico que aparezca en tratados de brujería. Como ya he dicho multitud de veces, la brujería/magia está ligada estrechamente con la tierra donde se practica. Y no hace falta excavar mucho para averiguar qué planta autóctona hará las mismas funciones que la Salvia Blanca. Sólo con salir y preguntar a los ancianos del pueblo, sabréis que hierba debéis utilizar para hacer las limpiezas. Y si sois de ciudad, no os iría mal comprar una guía de plantas de vuestra zona para saber con qué os encontrareis si salís al campo.
Como estamos en un país mediterráneo, os diré que el Romero, el Tomillo,  la Salvia (Salvia officinalis) la Lavanda y el Laurel son unos “purificadores y limpiadores” de primera junto con los Cipreses y Cedros. En infusión y añadidas al agua podéis lavar y purificar, humear con las plantas y  maderas, o utilizarlos en  Aceites Esenciales.
Siempre que leáis algún Ritual en el que os pidan ingredientes que no sean de cercanía, buscad su equivalente en los elementos naturales que tenéis a mano; siempre, siempre hay la versión autóctona para usos mágicos porque nunca debéis olvidar que la magia/brujería, sea de donde sea, siempre utilizó ingredientes que iban a buscar al bosque más cercano.
Si la globalización no fuera un hecho indiscutible, pensad que las brujas de hoy seguiríamos con los que nuestras madres, abuelas y ancestros nos hubieran enseñado.
Así que os invito a conocer más la naturaleza que nos rodea y a amarla, respetarla y trabajar con ella; no os va a defraudar. La Magia está a tu alrededor, sólo tienes que fijarte.


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