Las mujeres somos, ab initio, LAS CUIDADORAS, así en
mayúsculas. Lo llevamos en los genes y las memes se encargan de recordárnoslo
generación tras generación. Es igual que hayamos parido o no; vemos un cachorro
de cualquier especie y nos envuelve un sentimiento de amparo que sale
directamente de las entrañas. Desde
siempre hemos sido las encargadas del nido y de su cuidado, con todo lo que
entraña el hacerlo. Fuimos las primeras en dedicarnos a la agricultura,
cuidando de la tierra para que diera sus frutos y poder comer, mientras los
hombres salían a cazar, nosotras, con paciencia infinita, veíamos pasar las
estaciones con el fruto de nuestro esfuerzo. Muchos años han pasado desde que
nos vestíamos sólo con pieles, pero el
rol de “Cuidadoras” sigue siendo un patrimonio femenino. Me diréis que hay
hombres que también lo son, ¡por supuesto !. Sólo faltaría que, con el tiempo,
el sexo masculino no hubiera evolucionado en este aspecto, pero la cruda
realidad es que mientras ellos han tenido que “reciclarse”, a nosotras nos
sigue saliendo sin hacer ningún esfuerzo. Es sencillamente instinto animal de
supervivencia.
En las sociedades ancestrales, lo natural es que surgieran los
que hoy conocemos como “Chamanes” y “Druidas”. Los hombres se dedicaban a la
caza mientras que las mujeres estaban encargadas de todo lo demás, entiéndase:
labrar, cocinar y cuidar de los hijos y
de la casa. Ellos tenían tiempo para reunirse en torno al fuego y hablar,
cantar o agradecerle a Dios el buen día
de caza, mientras que las mujeres todavía no
habían terminado su jornada… ¿ os resulta familiar, no ?. Como
consecuencia de labrar la tierra, de escarbar en busca de raíces, etc.etc. es lógico
que las mujeres descubrieran las plantas y sus aplicaciones terapéuticas.
Observad que, desde siempre, las hierbas han sido un patrimonio especialmente
femenino igual que el rol de “Cuidador”. Mientras que la literatura nos habla
de grandes magos, chamanes y druidas con más connotaciones de “poderes
mágicos”, nos encontramos paralelamente a las sanadoras y las brujas y que en
todos los casos, manipulan las plantas con un fin u otro. También es remarcable
que, mientras ellos son personajes
importantes que se relacionan con las más altas jerarquías, las mujeres brujas
o sanadoras son personas solitarias que
suelen vivir apartadas de la tribu o del pueblo y normalmente sin pareja.
Cuando el cristianismo
se extendió por toda la Europa romana borró
a los Druidas. Los supervivientes a la
cruz cristiana fueron el Mago y las Brujas. El Mago se convirtió en astrólogo y
alquimista ( por lo general un hombre con poder económico y/o protegido por la
aristocracia ), y así logró lidiar con la Inquisición. Por el contrario, como
las mujeres seguían ocupadas en sus labores de género y no tenían tiempo para
estudiar las estrellas ni cómo transmutar piedras en oro, siguieron siendo unas
“ analfabetas ” campesinas y se tornaron en una de las obsesiones más perseguidas
por las Iglesias Cristianas : fueron ejecutadas
miles de mujeres bajo el pretexto de la
Brujería y su supuesta relación con el demonio . Esas mujeres torturadas y
quemadas sólo siguieron con la antigua religión pagana, viviendo en armonía con
la naturaleza y utilizando lo que tenían mas a mano para curar las enfermedades
y cuidar de los enfermos. Cualquier mujer que supiera y utilizará las plantas
podía ser acusada de “Bruja” por el primer creyente que se le “ mal cruzara ”
en su camino. Realmente con la Edad Media empezó una terrible época de
oscurantismo y persecución a todo lo que no fuera “ cristiano “. Y desde luego
las tres grandes religiones con libro que se instauraron en Europa no le
otorgan a la “ mujer” ningún puesto de privilegio , ni en la sociedad ni en la
vida espiritual, por lo que cualquier credo que si lo hiciese, era perseguido y
aniquilado.
Pero está claro que las mujeres han seguido reuniéndose a lo largo de los siglos y han compartido sus conocimientos. De madres a hijas o en reuniones de costura, todas han enseñado a las que les seguían y así ha sido desde el principio de lo tiempos. ¿ Cómo es posible que a mi me haya llegado una fórmula para realizar un ungüento que cura el dolor y que ya utilizaba mi tatarabuela ? Y sin papel escrito… de memoria.!
Las razones por las que se formaban estos círculos de mujeres eran muchas y muy distintas, pero estoy segura que siempre salía el intercambio de la receta de un pastel, de un jarabe para la tos o de cómo desinfectar la casa. Siempre con plantas, siempre las mujeres, siempre así, como quien no quiere las cosa…vas y pasas una información.
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que sólo los ricos podían permitirse un médico o un preparado de farmacia; el resto de la gente tenía que apañarse con sus propios conocimientos o acudir a una curandera o sanadora o bruja.
Los hombres cogieron nuestras plantas y las “ transmutaron “. Ahora los llamamos “medicamentos”. Carísimos, y cada vez más con efectos secundarios más preocupantes. Hasta he leído sobre ciertos antibióticos a los que les han restado efectividad para que la gente siga necesitándolos y no se curen del todo. Conspiraciones a parte, es verdad que, con el abuso que hemos hecho de los medicamentos, existen virus que han desarrollado inmunidad o han mutado.
Desde aquellas recolectoras de raíces hasta nuestros días se nos ha prohibido estudiar, se nos ha perseguido, se nos ha sometido sin miramientos a los preceptos de los hombres y para los hombres. Pero a pesar de todo, aquí seguimos. Generación tras generación nos hemos ido guardando de miradas inquisidoras, de” fes asfixiantes y machistas” hasta florecer de nuevo en esta era con una fuerza inmensa. Una fuerza que sale desde el rincón más escondido, mudo y oscuro y que tiene mucha memoria genética. Al salir a la luz se ha transformado en una brillante y potente onda expansiva que recoge a lo largo de todo el globo a mujeres que con el mismo propósito, se van encontrando y reconociendo. El tapiz mundial que estamos tejiendo, es una pieza vital en esta entrada a la nueva era donde cambiará la consciencia. Volveremos a las ancestrales costumbres, por convencimiento o porque no nos quedará otra. Y a estas alturas, ya sabemos que es mejor hacer las cosas con conocimiento y por elección, que no que te caiga de golpe toda la filosofía New Age sobre la cabeza.
Pero está claro que las mujeres han seguido reuniéndose a lo largo de los siglos y han compartido sus conocimientos. De madres a hijas o en reuniones de costura, todas han enseñado a las que les seguían y así ha sido desde el principio de lo tiempos. ¿ Cómo es posible que a mi me haya llegado una fórmula para realizar un ungüento que cura el dolor y que ya utilizaba mi tatarabuela ? Y sin papel escrito… de memoria.!
Las razones por las que se formaban estos círculos de mujeres eran muchas y muy distintas, pero estoy segura que siempre salía el intercambio de la receta de un pastel, de un jarabe para la tos o de cómo desinfectar la casa. Siempre con plantas, siempre las mujeres, siempre así, como quien no quiere las cosa…vas y pasas una información.
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que sólo los ricos podían permitirse un médico o un preparado de farmacia; el resto de la gente tenía que apañarse con sus propios conocimientos o acudir a una curandera o sanadora o bruja.
Los hombres cogieron nuestras plantas y las “ transmutaron “. Ahora los llamamos “medicamentos”. Carísimos, y cada vez más con efectos secundarios más preocupantes. Hasta he leído sobre ciertos antibióticos a los que les han restado efectividad para que la gente siga necesitándolos y no se curen del todo. Conspiraciones a parte, es verdad que, con el abuso que hemos hecho de los medicamentos, existen virus que han desarrollado inmunidad o han mutado.
Desde aquellas recolectoras de raíces hasta nuestros días se nos ha prohibido estudiar, se nos ha perseguido, se nos ha sometido sin miramientos a los preceptos de los hombres y para los hombres. Pero a pesar de todo, aquí seguimos. Generación tras generación nos hemos ido guardando de miradas inquisidoras, de” fes asfixiantes y machistas” hasta florecer de nuevo en esta era con una fuerza inmensa. Una fuerza que sale desde el rincón más escondido, mudo y oscuro y que tiene mucha memoria genética. Al salir a la luz se ha transformado en una brillante y potente onda expansiva que recoge a lo largo de todo el globo a mujeres que con el mismo propósito, se van encontrando y reconociendo. El tapiz mundial que estamos tejiendo, es una pieza vital en esta entrada a la nueva era donde cambiará la consciencia. Volveremos a las ancestrales costumbres, por convencimiento o porque no nos quedará otra. Y a estas alturas, ya sabemos que es mejor hacer las cosas con conocimiento y por elección, que no que te caiga de golpe toda la filosofía New Age sobre la cabeza.
Cuando hay mujeres reunidas y parezca que sólo estén charlando…
¡ Cuidado…algo muy importante y muy ,muy longevo , se está cocinando en el Caldero ¡
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